¿Hacia dónde va la construcción en Colombia?
Como profesional con años de experiencia en el sector de la construcción, me entusiasma ver que el Congreso Colombiano de la Construcción 2025 aborda temas que van mucho más allá de la obra: están mirando cómo el país construye su futuro. Aquí comparto mi reflexión sobre tres vectores que considero críticos para los próximos años.
Financiación y contexto macro: ojo al mundo que viene
El sector de la construcción en Colombia enfrenta en 2025 un período complejo marcado por varios retos significativos que afectan su dinamismo y viabilidad. Entre los principales desafíos se encuentran las altas tasas de interés, que actualmente rondan el 11.4%, y la suspensión de programas clave como “Mi Casa Ya”, que ha reducido el acceso a vivienda social y aumentado los costos hipotecarios para hogares de bajos ingresos.
Adicionalmente, hay un menor impulso en el mercado de vivienda, acompañado por la escasez de suelo urbanizable y el aumento en los costos de materiales. Este contexto macroeconómico adverso obliga a que los proyectos de construcción adopten una planificación mucho más rigurosa y flexible, donde se evalúen con detalle las fuentes de financiamiento y se mida el retorno real frente a la volatilidad del mercado.
Ya no es posible diseñar proyectos bajo supuestos optimistas de bonanza; por ello, es imprescindible mejorar la gestión del riesgo, implementar métricas que vayan más allá del clásico cálculo por metros cuadrados y desarrollar modelos de negocio resistentes a la incertidumbre económica. Esta visión se alinea con las tendencias del sector que enfatizan la necesidad de innovar en la gestión, diversificar las fuentes de ingresos y prepararse para escenarios inestable.
Transformación social + demografía + vivienda: nuevos requerimientos, nueva mentalidad
El congreso dedica un pilar a “nuevas realidades demográficas y transformaciones sociales”. Y aquí veo una oportunidad enorme para quienes trabajamos en obra, urbanismo o infraestructura: las tipologías de vivienda cambian, las ciudades siguen expandiéndose —y también enfrentan el reto del envejecimiento poblacional, la densidad, la movilidad. Mi foco debe estar en anticiparme: entender qué significa construir con mejores estándares sociales, qué demanda tendrá el ciudadano de mañana, cómo será la ciudad post-pandemia. No basta con levantar edificios; hay que pensar en comunidad, en sostenibilidad, en inclusión.
Instituciones, regulación y construcción como actor de país
Construir no es solo edificar, es construir país. En este momento político no solo de Colombia sino de todo el mundo se habla de institucionalidad, democracia, gobernabilidad en el sector. Esto me resulta clave. Hemos visto cómo los vacíos regulatorios o la falta de articulación entre lo público y lo privado pueden afectar plazos, costos, calidad. Para mí, un profesional responsable debe dominar no solo técnicas de obra, sino también los entornos regulatorios, los procesos de aprobación, las expectativas sociales y ambientales. Esta es una transformación cultural para el sector: construir bien no es solo entregar en tiempo y forma, es hacerlo con transparencia, con visión de largo plazo.
Pienso que por ejemplo el Congreso Colombiano de la Construcción y otros espacios propiciados por el Gremio o de manera personal marcan un punto de inflexión: la construcción en Colombia ya no podrá seguir funcionando como un engranaje aislado. El país exige proyectos que sean parte de una estrategia nacional: de sostenibilidad, de eficiencia, de desarrollo humano. Como profesional, mi apuesta es que debemos elevar el estándar: mejores procesos, digitalización, modelos de gestión modernos, sensibilidad social. Es momento de pensar el “qué” y el “para quién” construimos al mismo ritmo que pensamos el “cómo” lo hacemos. Y en ese camino, estaremos mejor preparados si vamos con los ojos puestos no solo en la obra, sino en el país que queremos construir.